Pon en forma tu mente

Cuando vienes a clase sientes que trabajas con tu cuerpo. Realizas posturas, te mueves en diferentes ángulos, pones a prueba tu equilibrio y amplías tu capacidad pulmonar. De todo eso eres más consciente porque lo sientes de inmediato, mientras está sucediendo.

De una manera más sutil vas también trabajando tu mente, ejercitándola, poniéndola en forma. Pero eso es más difícil de valorar. La meditación, la respiración y la relajación son el gimnasio de tu cerebro. Fuera de la esterilla, ¿qué más puedes hacer?

Dedícate unos minutos al día

Más allá de lo que practicamos en la esterilla, te invito a dedicarte unos minutos cada día. Los que quieras, los que puedas – no hace falta encerrarte una hora aislándote del mundo, con 5 minutos será suficiente.

Cierra los ojos, observa cómo respiras y mira qué pasa con tu mente. ¿Vienen muchos pensamientos e ideas? ¿A qué velocidad? ¿Con qué tienen que ver? Te invito a que los anotes en una libreta. Tenla a mano cuando te sientes a observar.

Con los ojos cerrados te será más sencillo verte por dentro.

Escucha también tu respiración. Tal cual fluye, sin modificarla, ¿cómo es? Poco a poco te darás cuenta de cómo tu manera de respirar afecta a tus pensamientos, a tu estado de ánimo, a tu actitud. Y también ocurre lo contrario.

Ventajas ejercitar tu mente

Si cada día te detienes unos momentos, cierras los ojos y respiras de manera lenta y suave, estarás aprendiendo a concentrarte de manera consciente. Algunos de los beneficios de esta práctica son:

  • mejora la memoria
  • alivia el estrés, la ansiedad y la depresión
  • reduce la presión sanguínea
  • facilita y mejora la calidad del sueño
  • ayuda a relativizar, a dar importancia sólo a lo que realmente es importante

Si te decides a anotar lo que te viene a la cabeza mientras te estás observando, puedes aprender a conocerte mejor y anticiparte a tus reacciones, sacando en cada momento lo mejor de ti.

Concentración, meditación, relajación

Además de sentarte, respirar y observar, puedes dedicarte unos minutos expresamente a respirar, a practicar pranayama.

Poco a poco, puedes ir ampliando tu práctica, alargando el tiempo de tus descansos y empezando a practicar técnicas de concentración y meditación.

Pero si todo esto te suena complicado, ajeno o prefieres practicarlo en grupo durante las clases, siempre puedes tumbarte un ratito en savasana.

Antes de leer este post, ¿te detenías habitualmente para cerrar los ojos y observarte? ¡Comparte tu experiencia conmigo! Me encantará leerte.