Imagen música y estados de ánimo

Música y estados mentales

Hoy retomamos el yoga fuera de la esterilla y me gustaría hacerlo hablando de música. La música está en todas partes, forma parte de tu vida y te acompaña en los momentos más importantes.

No importa el estilo que te guste, el idioma en que las escuches ni cuándo fue la última vez que acudiste a un concierto. Siete notas combinadas de infinitas formas te hacen vibrar por dentro.

Sonidos y vibraciones

El “Nada yoga” es el yoga del sonido: se trata de una meditación profunda cuyo objetivo es percibir tu propio sonido interior. Es una práctica avanzada que requiere de experiencia previa en los estados de concentración y que permite descubrir cómo vibras, cómo suenas por dentro.

Puedes empezar por sentir las vibraciones del sonido en tu interior de una manera más sencilla. No se trata de tus propios sonidos sino de los que recibes de fuera: en este caso, la música.

Cierra los ojos, sube el volumen y déjate llevar por el sonido.

Si vienes a nuestras clases, habrás cantado mantras en Kundalini y el Om en Hatha. A veces colocamos las manos en el centro del pecho para sentir la vibración de ese Om, siempre con los ojos cerrados.

Si has cantado mantras, habrás sentido sus efectos: energéticos, calmantes, meditativos, dependiendo de lo que suene. Sientes que la música te rodea pero, al mismo tiempo, sale desde dentro de ti. Te unes a ella. El tiempo y el espacio dejan de tener sentido.

Cómo te afecta la música

Ya habrás observado que hay determinadas canciones que te ponen alegre, otras te ponen triste, otras te sirven de música ambiental y no les prestas tanta atención. Incluso viajas en el tiempo o en el espacio. Efectivamente, la música afecta a tu estado mental.

Si el ritmo es rápido, los sonidos son agudos y las estrofas se repiten de manera predecible, te sentirás de buen humor, con ánimos y, posiblemente, ganas de bailar. Si el ritmo es más lento y los sonidos son graves tu mente viajará a un estado más calmado, más relajado. Incluso, triste.

Los temas que mezclan ritmos, revoluciones y tonos te mantienen alerta, pues no puedes predecir lo que sonará después.

Hay estudios sobre el tema y los grandes comercios los aplican a la hora de incentivar ventas, llevándonos a consumir de la manera que les favorece, sin que nos demos cuenta. También lo saben los compositores de bandas sonoras, influyendo en tus reacciones y magnificando lo que ves en pantalla. Yo te invito a usar la música como una herramienta más con la que ejercitar tu mente.

Un pequeño experimento musical

Generalmente, si estás alegre escuchas música alegre, si estás triste te decantas por la música lenta y suave, si quieres calma buscas sonidos instrumentales. ¿Y si lo hicieras al revés? ¿Qué pasaría?

Personalmente, cuando quiero sentir que “salgo de mi cuerpo”, que mi mente “viaja” a otros momentos y lugares, escucho música instrumental. El Requiem de Mozart, las Cuatro Estaciones de Vivaldi o la banda sonora de la película “El Atlas de las Nubes”, por poner algunos ejemplos.

Te propongo un experimento y te invito a que dejes por aquí tu comentario, compartiendo qué te ha parecido. Si estás triste y sin ánimos, busca la canción más alegre y acelerada, dale play, puede que termines bailando. Y lo mismo, al revés: tienes un día estupendo, ¿qué ocurrirá si escuchas una canción triste? ¿Cómo crees que te afectará?

Sea como sea, sigue sintiendo la música, sigue cerrando los ojos al escucharla.